Otra escena que iba poner a prueba nuestra paciencia, fue cuando nos emparejaron para hacer un trabajo de Biología funcional de las plantas. ¿Cuál había sido el criterio? Orden de lista: Alejandra Salgado, Alejandro Salguero. También era mala suerte: había otro Salgado, pero su segundo apellido era Álvarez mientras que el mío es Mora; y otro Salguero, pero su segundo apellido era Velasco mientras que el de Alejandro era Morales.
Sí, Salgado Mora y Salguero Morales. ¿Se entienden ahora a los profesores con lo de las calificaciones?
Nos enteramos de la noticia, giramos las caras para vernos, nos amenazamos con la mirada y nos fuimos cada uno por su lado.
Lo que yo más quería en el mundo era terminar las clases e irme derecha a mi casa y no pensar más en mi incordio personal. Pero las responsabilidades están antes. Así que me dirigí a nuestra sala favorita. Es la que más nos gusta porque no suele haber mucha gente y su forma y orientación hace que no sea muy fría en invierno y, sobre todo, no muy calurosa en verano. Seguro que iría allí y llegaríamos a la misma hora.
Bueno, muchas veces he dicho que lo pensamos todo a la misma vez y del mismo modo. Eso implicaría que estuviésemos pegados continuamente. Pero no es así (si no, nos hubiéramos matado hace mucho tiempo). Sólo las cosas que se escapan a nuestro control hacen que nuestras vidas sean diferentes. Como por ejemplo, que nos sorprenda una calle cortada en el camino, que se nos rompa algo (como la ducha, la mochila,...), etc. A mí me pasó que me retuvo cinco minutos una compañera que me pedía unos apuntes. Ante este cambio en mi camino, se me ocurrió algo que él no podría llevar a cabo porque no estaba en mis circunstancias. Él, en la sala, pensaría en zumo de manzana; yo estaba al lado de una tienda y pensé en comprarlo. Y así lo hice: compré dos. Así empezaríamos con buen pie.
De camino hacia allí pensé en una idea para que pudiésemos hacer el trabajo de forma organizada, civilizada y sin peleas: dividiríamos el trabajo en secciones y la mitad para él y la otra mitad para mí. Pondríamos las distintas partes en trozos de papel y uno a uno, por suerte, tendríamos nuestras partes. Sin conflictos, sin dos veces lo mismo.
Repito que nuestras circunstancias eran diferentes. Por lo que, mientras yo caminaba hasta llegar, él ya lo había hecho. De modo que todo quedó acordado sin palabras.
Y fue así como nos dimos cuenta de que podíamos ser un buen equipo y si bien, por nuestra naturaleza, nunca nos caeríamos bien, íbamos a tratar al menos de organizarnos para no sacarnos de quicio.
miércoles, 17 de agosto de 2011
martes, 16 de agosto de 2011
Demasiado iguales (4)
Mirándolo ahora en retrospectiva, me doy cuenta de lo prejuiciosos que fuimos. No nos dimos ni una oportunidad desde el primer momento.
Como ni Alejandro ni yo estábamos por la labor de hablar, y Maribel necesita de mucho ánimo para ello, Adrián no paró de rajar en toda la cena. Pero hubo algunos intervalos en los que intentaba sacar algún comentario a alguien mientras él masticaba y que así no se hiciera el sepulcral silencio. Y de verdad que le puso empeño:
-Y, bueno, Alejandro, a ti también te gusta el tenis, ¿no?-Sí.Adrián mastica...-¿Lo practicas?-De niño sí, pero ahora sólo de vez en cuando.Adrián mastica...-Podrías venir con Alejandra y conmigo, que siempre tenemos alquiladas unas pistas los sábados.-Gracias...Adrián mastica...
Obviamente, cuando Adrián le hizo el ofrecimiento, le miré de forma muy amenazadora, diciendo sin palabras que ni se atreviera.
La cena terminó con una silenciosa rabieta infantil, porque ni él ni yo estábamos dispuestos a ceder el último manjar.
-¿Querrán algo de po...?
-¡¡TARTA DE CHOCOLATE BLANCO!!
Todo el mundo se rió: el camarero, Adrián y Maribel. Alejandro y yo también, pero fue una risa muy falsa diferente. Después sí nos reímos de verdad: de alivio, porque el camarero dijo que habíamos tenido suerte porque eran los dos últimos trozos. El alivio era porque, de haber habido uno menos, ¿qué habría pasado? ¿Nos habríamos peleado de verdad, cual críos? Sí, no cabe duda de que así hubiera sido.
¡Ahora sé por qué recuerdo tan bien aquella noche! ¡Porque la tarta estaba deliciosa!
Cuando terminamos, nos fuimos a un pub y allí fue donde Adrián se puso a charlar con Alejandro y yo con Maribel. Resultó ser una muchacha muy interesante y amante del cine. Hasta me invitó a ir a su casa para ver una película que llevaba tiempo queriendo ver y que era una de sus favoritas.
Finalmente, Adrián acompañó a Maribel a su casa y Alejandro y yo nos fuimos cada uno por su lado, alegres por haber conocido a alguien nuevo de agradable charla y avergonzados por nuestra inicial actitud idiota.
Finalmente, Adrián acompañó a Maribel a su casa y Alejandro y yo nos fuimos cada uno por su lado, alegres por haber conocido a alguien nuevo de agradable charla y avergonzados por nuestra inicial actitud idiota.
sábado, 13 de agosto de 2011
Demasiado iguales (3)
La hipocresía es considerada una actitud mal vista. Pero yo creo que si es llevada a cabo por uno mismo, sin hacer daño a nadie y aplicada de forma cómica, entonces puede resultar divertida.
Por ello, mi sonrisa sólo fue fingida en parte cuando nos presentaron y nos saludamos con sendos besos en las mejillas. Desde ese momento empezamos a hablar, aunque no con palabras, sino con la mirada. Nos estábamos diciendo "Tenías que ser tú. Seguro que me sacarás de quicio. Más te vale portarte bien porque como le arruines la cita a mi amig@...".
El lugar de la cita lo había escogido Maribel. Estábamos en un punto estratégico que debía haber sido estudiado de antemano, pues nadie repararía en nosotros y al mismo tiempo no nos sentíamos aislados.
En aquel inicial encuentro fue cuando tuvimos la primera oportunidad de darnos cuenta de que caíamos igual a la gente. Por lo tanto, Maribel y yo congeniamos de maravilla y Alejandro y Adrián también se llevaron genial desde el principio.
Pero eso no quitó la tensión entre Alejandro y yo. Estábamos sentados frente a frente, con lo que las miradas asesinas volaban.
-¿Qué van a tomar de beber? -pregunta el camarero.Yo ya tengo pensada mi cerveza en vaso de tubo. Primero contesta Adrián, luego Maribel y luego Alejandro:-Cerveza en tubo para mí.Será capullo. Ahora mismo cambio. ¡¿Qué pido ahora?!:-Mmm... eeh... Cola. Pero no Pepsi, sino CocaCola.-Sin problemas, de acuerdo -dice el muchacho y se va.
Pero después me adelanté yo, jeje.
-¿Para comer?Me adelanto a todos, porque nada va a impedirme disfrutar de un solomillo con salsa roquefort.-Solomillo con salsa roquefort, por favor.Le veo la cara de refilón. Si las miradas matasen... Piden Adrián y Maribel. A él se le ve revisando la carta a todo trapo.-¿Y usted? ¿Qué va a ser?-Mmm... eeh... filete de dorada.
Todavía dudo de si fue gracioso o un ignorante dedo en la llaga que Adrián se pusiera a decir que qué casualidad que él y Maribel hubieran pedido lo mismo para comer. Entonces pensé que sí, que esa actitud infantil debía deberse a que estaba enamorado. Luego me di cuenta de que más infantil era la mía y me limité a escuchar y no pensar.
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